Desde Ros apoyamos esta huelga, ya que desde que Trablisa se hizo cargo de la contrata de la seguridad de los filtros del aeropuerto del Prat, en Barcelona, los trabajadores no han hecho más que perder los derechos conseguidos en la huelga del 2017.
Esta empresa con la que la plantilla lleva sufriendo su mala praxis administrativa, durante más de tres años y que empezó por no cumplir con el laudo de obligatorio cumplimiento impuesto por el gobierno, ha propiciado una serie de actuaciones e implementaciones en los filtros de seguridad que solo han menoscabado los derechos y las condiciones de trabajo de los trabajadores.

Trablisa, acusada por trabajadores de recortar costes a costa de la salud: presión sin medios, desigualdad salarial y recortes formativos
La plantilla de la empresa Trablisa denuncia una cadena de prácticas que, a su juicio, han deteriorado las condiciones laborales y la seguridad del servicio. Según testimonios recabados entre empleados y representantes, se habrían producido presiones para realizar inspecciones con guantes de algodón ante la falta de material adecuado, una dinámica que —afirman— se mantuvo cuando la pandemia ya estaba activa en España, en un momento en el que los protocolos de prevención exigían precisamente reforzar la protección.
A estas quejas se suma la diferencia retributiva con respecto a compañeros de Trablisa en Palma de Mallorca, que, siempre según la parte denunciante, cobrarían más por funciones comparables sin que se haya ofrecido una explicación clara y documentada sobre los criterios aplicados. “No se trata solo de cuánto se paga, sino de la transparencia: queremos saber por qué y en base a qué”, sostienen fuentes de la plantilla, que reclaman una regularización y un desglose comprensible de conceptos salariales y complementos.
El tercer bloque de críticas apunta a la formación interna, que habría sido “acelerada” para reducir horas: cursos y exámenes concentrados en el mismo día o en ventanas muy breves, con el consiguiente riesgo de convertir la capacitación en un trámite.
Finalmente, los trabajadores describen una sobrecarga estructural: “hacer con 300 personas el trabajo de 500”, lo que, indican, incrementa la presión operativa, eleva el riesgo de errores y tensiona el clima laboral. La representación de la plantilla pide medidas correctoras inmediatas: dotación suficiente de material, igualdad y justificación salarial, programas formativos con tiempos reales de aprendizaje y una planificación de personal acorde a la carga de trabajo.
Más horas, más carga y menos prevención: el coste oculto del “ahorro”
No faltan los supuestos “incentivos” por encadenar servicios de 12 horas, una práctica que, según denuncian trabajadores, se utiliza para reducir plantilla y costes a cambio de promesas como cuadrantes a la carta o horquillas de turnos. Sin embargo, esas medidas se justificarían internamente con el argumento de “falta de horas” y, al mismo tiempo, se estaría recurriendo a un volumen desproporcionado de horas extra, llegando a hablarse de miles de horas tarificadas en un solo mes, una contradicción que la plantilla considera difícil de sostener.
A ello se suman las últimas “perlas” operativas: la pretensión de que el vigilante cargue y traslade las maletas de los pasajeros hasta las mesas de inspección, asumiendo tareas que incrementan el esfuerzo físico y el riesgo de lesiones, y la falta de distanciamiento y medidas adecuadas durante el periodo de COVID, según los mismos testimonios.
“Podríamos seguir largo rato”, insisten desde la parte sindical, al enumerar lo que consideran una acumulación de prácticas irregulares o negligentes. Desde RoS manifestamos nuestro apoyo y nos unimos a los trabajadores de El Prat para reivindicar condiciones dignas, seguras y ajustadas a derecho, con transparencia en la organización del trabajo y respeto efectivo a la salud laboral.




