Lo que debía ser una evaluación rigurosa de riesgos psicosociales terminó convirtiéndose, según la Inspección de Trabajo, en un ejemplo bastante ilustrativo de cómo no hacer las cosas.
La investigación, iniciada tras denuncia del sindicato RoS, destapa episodios difíciles de justificar.
Urnas sin control: cuando los riesgos psicosociales pierden toda confidencialidad
Uno de los aspectos más llamativos fue el uso de urnas sin custodia efectiva. Según los representantes de los trabajadores, la empresa optó por una solución difícil de encajar en cualquier manual de prevención: simples cajas de cartón procedentes de embalajes de folios, ni siquiera precintadas ni adaptadas al uso.
Se abrían con la mano, sin ningún tipo de cierre o control, y sin custodia por parte de responsables. En la práctica, cualquier persona podía acceder a su contenido y consultar los cuestionarios de otros trabajadores sin dificultad. Una medida que, además de evidenciar una peculiar política de ahorro —reutilizando material destinado al reciclaje—, dejó la confidencialidad en un plano casi teórico. Porque, en este caso, más que garantizar el anonimato, el sistema parecía invitar a comprobarlo… manualmente.

Digitalizar sí, incluir no necesariamente
Cuando lo de las cajas de cartón no terminó de convencer —difícil imaginar por qué— la empresa decidió dar el salto a la “modernidad” y digitalizar el proceso. En pleno 2024, I-Sec apostó por formularios online, en lo que podría parecer un avance… al menos sobre el papel. Una vez más, la empresa demostraba estar a la vanguardia tecnológica cuando le interesa.
El problema es que esa modernización olvidó un detalle menor: no toda la plantilla dispone de un ordenador, tiempo o condiciones adecuadas para completar este tipo de cuestionarios con garantías. Lejos de preverlo, no se facilitaron medios ni alternativas. El resultado fue un sistema que, en la práctica, funcionó bajo el principio de “el que pueda, que participe”… y el que no, mala suerte, otro año será.
Resulta especialmente llamativo que en un entorno donde sí existen recursos informáticos para la operativa diaria, no se considerara necesario habilitarlos para algo tan básico como una evaluación de riesgos. Porque, al final, la digitalización es muy útil… siempre que no perjudique a la empresa.
Cuando los resultados no importan y actuar tampoco
Y, pese a todo ello, para la empresa el tiempo pasó sin sobresaltos: terminó 2024, avanzó 2025 y ya entrados en 2026, el relato seguía siendo el mismo. En el centro de trabajo, según su interpretación, todo funcionaba con absoluta normalidad. Un entorno casi idílico: sin riesgos psicosociales, sin conflictos relevantes y con una plantilla, aparentemente, satisfecha.
Mientras tanto, en la realidad operativa, los trabajadores lidiaban con problemas muy concretos: desde sobrecargas musculares derivadas del trabajo, exposición a ruidos constantes, hasta incidencias asociadas a los nuevos equipos que poco tienen de anecdóticas. Situaciones que difícilmente encajan en ese escenario de “normalidad” que se defendía.
Pero en la narrativa empresarial, todo estaba bajo control. Los problemas, de existir, parecían formar parte más del maniático imaginario colectivo que de una situación real que requiriera intervención. Porque, al menos sobre el papel, todo era correcto… y, en consecuencia, no había nada que corregir.
Inspección obliga a repetir desde cero la evaluación psicosocial
La resolución de la Inspección es clara: hay que repetir la evaluación psicosocial cubriendo a toda la plantilla y con garantías reales. Para ello, se establece un plazo de nueve meses, aunque visto lo visto, no faltará quien piense que la empresa necesitaría alguno más “por si acaso”.
Desde la representación sindical ya se ha advertido que se estará vigilante para que esta vez el proceso se cumpla conforme a lo exigido. No se rechaza el uso de herramientas digitales, pero deberán aplicarse con criterios claros: explicando el proceso, garantizando el acceso universal y facilitando los medios necesarios dentro del tiempo de trabajo.
Además, será imprescindible que en esta nueva evaluación se tengan en cuenta las condiciones reales del puesto, incluyendo el impacto de los nuevos sistemas como la maquinaria ATRS, sobre la que ya existen antecedentes y pronunciamientos por los problemas que ha generado en los trabajadores.

Faq – Resolución de inspección de trabajo sobre riesgos psicosociales
¿Por qué ha intervenido la inspección de trabajo?
Tras una denuncia sindical del sindicato RoS por irregularidades en la evaluación psicosocial. La Inspección ha confirmado deficiencias relevantes en el proceso .
¿Qué problemas hubo con las encuestas?
Falta de confidencialidad por urnas sin control y exclusión de parte de la plantilla en el sistema online, pese a existir medios tecnológicos.
¿Por qué los resultados no son válidos?
Por la baja participación (menos del 60%) y la ausencia de garantías, lo que impide obtener datos representativos.
¿Qué ha ordenado la inspección?
Repetir la evaluación con participación real, acceso garantizado, confidencialidad y medidas preventivas posteriores.
¿Qué pasará ahora?
La empresa tiene 9 meses para cumplir, bajo supervisión de la representación de los trabajadores.









